Hoy ya somos 17... quizás mañana cientos, igual que ese pueblo indígena que habita silencioso los surcos del tiempo y la memoria.
Por eso te invitamos a compartir sueños, utopías, esperanzas, canciones, juegos, llanto, risa.
Recibimos tu paz, te entregamos nuestras alegrías.
Te damos la bienvenida, acompáñanos, iniciemos nuestro Trueque Muisca.

Luz en la Vida de Todos
.

martes, noviembre 11

El final del camino

¿Qué estarán poniendo en la televisión a esta hora?
¡Qué pregunta! Pues lo mismo de siempre, ¿qué si no?
Por más que cambio de canal, no encuentro nada que me distraiga lo más mínimo, o que me haga olvidar que no puedo hacer otra cosa más que estar aquí sentado, o más bien clavado, frente al maldito aparato, que ya empiezo a odiar con toda mi alma, a pesar de ser mi único y fiel acompañante en estas largas y largas jornadas de mi postrera vida.
De la cama al sillón, del sillón a la cama, pasando por el baño. Y vuelta a empezar. Despacito, no vaya a caerme, y con el bastón bien apretado en una mano, mientras la otra se apoya torpemente en cada mueble o pared que encuentro en mi camino; por si los mareos.
¿Y mañana?
¿Mañana? Ya olvidé el significado de esa palabra. Como el de tantas otras: esperanza, proyecto, meta, futuro. La espantosa rutina las borró para siempre de mi mente. ¿Qué sentido pueden tener cuando tan sólo queda pasado? Porque ya ni el presente es digno de tener en cuenta. Bueno, quizás descubra algún dolor o alguna molestia nuevos. Eso si sigo vivo, claro.
¿Pero quiero seguir vivo?
Pues claro, ¡qué clase de pregunta es esa! Todo el mundo quiere vivir...
O no... No lo sé. ¿Para qué?
¿Cómo que para qué? Mis hijos vienen de vez en cuando a verme y me preguntan cómo estoy...
¡Qué cómo estoy! Siempre les contesto lo mismo: bien. ¿Cómo voy a estar?
(Muriéndome).
Pero ya llevo setenta y cuatro años sobre este mundo; ya es hora. Eso es lo que piensan todos: que ya es hora.
¿Y yo? ¿Qué pienso yo? Yo pienso que no; que no es hora. Si pudiera gritar lo diría a gritos. QUIERO VIVIR. Un día más, un año más. Quiero salir; pasear por mi jardín, por mi huerto, al que tantas horas le dediqué durante mi perra vida y que tan abandonado se encuentra tras mi retiro. Quiero coger el coche, conducir, ir de compras, al cine, leer un libro sin que me lloren los ojos a los cinco minutos. Quiero hacer lo que hace la gente viva.
¿Cuánto tiempo permaneceré así? ¿Días? ¿Meses? ¿Años?
No, años no.
Claro que aún podía ser peor. Podría estar postrado en la cama sin poderme levantar...
Todo se andará.
Yo era de los que pensaban que todo tiene un principio y un final, que la muerte nos llega a todos y nada podemos hacer, sólo resignarnos. Es ley de vida. Creía que con esta idea asumiría mi final con dignidad y valentía cuando éste se presentase.
Pero eso era antes, cuando ese final se presumía lejano.
Ahora maldigo esta despreciable vida, que nos pone por delante toda la inocencia y la alegría de la niñez, nos hace gozar de los más bellos placeres de la despreocupada juventud, nos da serenidad y armonía durante nuestra responsable madurez... y nos lo arrebata todo, sin avisar, el día que más feliz eres por todo lo que has conseguido; condenándonos a una eterna agonía sin fin, sin propósito alguno, más que el de ver como se van agotando poco a poco la energía, la vitalidad, las ganas,... la ilusión.
No hay derecho. Siempre había pensado que una vida sin ilusión no merecía la pena ser vivida, que era ésta la que nos mantenía siempre alerta y activos. Pero, ¿y ahora? ¿Qué pienso ahora? No lo sé.
¿Pero cómo podía ser si no?
Tampoco lo sé. Yo no dicto las normas. Sólo las sufro.
Se supone que este es el momento de hacer recuento de lo que ha sido mi vida, del bien o del mal que he hecho a los demás, de cómo me he portado con mis hijos, con mi mujer, de la huella que he dejado en este miserable mundo (si es que he dejado alguna)... Pero es que no me apetece hacerlo. ¿Para qué? Ya no puedo remediar nada de lo que hice; lo hecho, hecho está.
¿De qué me arrepiento o de qué me siento orgulloso? ¡Y yo qué sé! ¡Acaso he podido elegir!
Todo el mundo piensa que es fácil responder a estas preguntas una vez que se ve el final del camino, pero todos se equivocan; no lo es. Me gustaría poder gritarlo al mundo entero. ¡NO LO ES!
Claro que ya se darán cuenta. Todos pasaran por este calvario.
Bueno, no todos. Algunos tendrán la fortuna de irse de este mundo tal y como llegaron, sin enterarse, sin necesidad de pasar por esta lenta angustia a la que nos vemos avocados algunos más desafortunados.
Muchos dicen que debería sentirme dichoso por haber alcanzado esta edad, haber tenido una vida placentera y holgada, una familia unida y feliz... ¿Qué sabrán ellos?
¡Pues no, no me siento dichoso! Muy al contrario, me siento la persona más desgraciada de la tierra. Quiero vivir, pero al mismo tiempo quiero morir.
¡No, no quiero morir!; voy a morir. ¿Quién se puede sentir dichoso viendo venir el final de los días?
Otros dirán: “Al menos tiene la cabeza en su sitio; debería de dar gracias”. ¡Serán hijos de...! “La cabeza en su sitio”, vaya consuelo. Y encima quieren que dé gracias y todo.
Pero tengo que ser generoso y amable con todos y decirles que tienen razón. ¿Para qué mortificarles con mis penas y amarguras? Seguramente dirían que son achaques de viejo. Pensarían que estoy entrando en un estado depresivo debido a mi debilidad. Al final terminarían deseándome una pronta muerte y se engañarían diciendo: “Es lo mejor que le podría suceder”.
Ignorantes.
No. Tengo que mantenerme firme; aparentar placidez y bienestar, para que al menos se sientan a gusto a mi lado y no terminen rehuyéndome. Hablar de política, del colegio de los niños, de la comida de Navidad, de lo que subirán las pensiones para el año que entra...
¡Qué me importarán a mí las pensiones ni el colegio de los niños!
Creo que estoy siendo demasiado cruel conmigo mismo; debería de relajarme un poco e intentar vivir lo poco que me quede de vida con la mayor integridad posible...
¡A la mierda la integridad! Tengo derecho a ser cruel conmigo mismo. Es más, quiero serlo. A estas alturas de la vida nadie me puede prohibir que me sienta conmigo como me de la gana. Bastante me he obligado ya a lo largo de tantos años a sentirme como se suponía que tenía que sentirme para que todos estuvieran contentos a mi lado. Que si los niños, mi mujer, los clientes, los socios, los empleados, los proveedores, las amistades, los yernos y las nueras...
Tanto esfuerzo para qué. Para acabar plantado delante de un decepcionante aparato electrónico que no hace más que recordarme lo inútil que soy y todo lo que me estoy perdiendo y me voy a perder ahí fuera.
Y todavía hay quien opina que la vejez da libertad.
Iluso.
Claro que yo también llegué a pensarlo cuando me jubilé y pude dedicarme a lo que me diese la gana. Estuvo bien mientras duró. Pero una libertad tan exigua no debería ni existir. ¿Qué clase de Dios es ese que te hace creer que tienes todo el tiempo del mundo para disfrutar de lo que te has ganado con tanto esfuerzo y sacrificio para poco después arrebatártelo por completo dejándote en la más humillante de las miserias?
No. Definitivamente yo no quiero esa libertad. Prefiero mil veces el forzado trabajo en el campo o el estrés de los negocios antes que esta mierda de libertad.
Bueno, al menos sí que soy libre para poner el canal de televisión que quiera. Por cierto, creo que ya va a empezar la corrida de toros; si no recuerdo mal hoy toreaba Morantes. Promete ser una gran corrida; creo que me lo pasaré bien.
Dedicado a mi padre y a todos aquellos ancianos que, como él, sufren en silencio la soledad y la amargura del final del camino.

viernes, noviembre 7

Asonancias


De Salvador Díaz Mirón (1853-1928), poeta mexicano:


Asonancias

Sabedlo, soberanos y vasallos,
próceres y mendigos:
nadie tendrá derecho a lo superfluo
mientras alguien carezca de los estricto.

Lo que llamamos caridad y ahora
es sólo un móvil íntimo,
será en un porvenir lejano o próximo
el resultado del deber escrito.

Y la Equidad se sentará en el trono
de que huya el Egoísmo,
y a la ley del embudo, que hoy impera,
sucederá la ley del equilibrio.

viernes, octubre 31

Interioridades

Infranqueable muro que se levanta tras mis ojos,
hacia ti va dirigida esta oda.
Mantente firme ante el enemigo tembloroso;
que, aunque cobarde y traicionero,
es persistente y mentiroso.

No te doblegues a sus falsas palabras;
no desfallezcas ante su inquina mirada;
no permitas que penetre su hedor nauseabundo;
no te ablandes frente a su tenaz estocada.

De tu fuerza pende mi calma;
mi serenidad reposa tras tus piedras;
tu tenacidad es vital para mi alma;
tu rendición sería mi muerte.

El paraíso resplandece en el bendito silencio;
entre la crepitante multitud conspira el diablo;
en tu refugio encuentro la paz;
tu fortaleza es mi esperanza.

Cuando el fatal destino caiga sobre ti,
olvida mis pretenciosas ansias de vivir,
no me engañes con astutas palabras,
y déjame morir.

domingo, octubre 26



Hoy seré cómplice del silencio
para encontrarme ante la soledad...
tragando un sorbo de angustia ácida
al nadar contra la corriente de la razón.

Perdonaré a quien no me perdona
y así...
sentir el frescor de la humildad...

Robaré el brazo al enemigo eterno
estrechándolo en un tranquilo beso.
Abriré las puertas de la oscuridad
para que un rayo de luz filtre mi alma...

Y bajando la mirada al orgullo
sentiré la sumisión al alzarla...

Me despojaré de vanidosos hábitos
sacrificados en costumbres inútiles a la verdad
rasgándolos construiré una morada
a mi ser peregrino...
que incansable busca el reposo en los caminos
sinuosos a la iluminación.
Acabando por recoger la triste basura
de los vertederos...
donde la inmundicia
arroja el amor
sin nombre
ni patria...
Y al final...
en una noche de sol, sin sombras...
quizás...no necesite
de la soledad
para encontrar
el silencio.

martes, octubre 21

YHWH

Este video de parte de mi amigo Juan Miguel.
Espero que les guste.


domingo, octubre 19

Fui feliz


Fui feliz en aquel amanecer a principio de verano, donde me inundó el perfume de la dicha. Suspiré y alrededor sobrevino la paz, lo experimenté en la suspensión que produce el alma cuando pasa una tormenta.
Allí decidí no existir para nadie y hoy camino exiliada en la soledad para no dejar huella. Tan solo vuelo la oscuridad a través de los paisajes para que la multitud no despierte. Encuentro un mundo nuevo y un pequeño claro recién nacido frente al cielo. En el enciendo un fuego y lo transporto a todas partes, me acompaña en su ritmo y viene a mí como las olas de un mar azul íntimo, transparente y sencillo. Su dulzura es silencio pero no vacío ni ausencia, me colma, es la lisa amplitud de un paraíso donde las palabras y los pensamientos no hacen falta.
Me abrazo a la música y su movimiento extrañamente aquieta el entorno. Necesito estar ardiendo para llenarme de una pequeña y ligera nota que dibuja un sentimiento. Es una sensación de libre amor en el que puedo refugiarme. Me entrego a las estrellas, es de noche y negocio con el sueño un pacto para vencer al tiempo, nada quiero esperar ante un mundo que se aleja.
Aún sigo en ese pequeño claro, pasando de puntillas, como si fuera el ser más solitario y desequilibrado que jamás hayas conocido.
M.José

Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz...


...La décima Musa.

Quiero compartir con ustedes un soneto de los tantos que escribió Sor Juana:

En que da moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!


Con mucho amor desde México.

..................

° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° ° °